Un hijo se sueña y se imagina mucho antes de tenerlo en brazos. Desde que conocés tu embarazo, aparecen emociones, proyectos, ideas sobre ese bebé que viene, sobre el encuentro y sobre la vida que empieza a transformarse con su llegada. Esa ilusión acompaña la espera y le da sentido a cada momento.
Pero a veces, la realidad irrumpe de otra manera y todo eso que habías imaginado se desacomoda. Lo que aparece es una realidad inesperada, un escenario para el que nadie se siente preparado, donde la incertidumbre, el temor y la angustia empiezan a ocupar un lugar difícil de procesar. Y en medio de todo eso, la rutina no se detiene.
El mundo sigue funcionando como si nada, mientras intentás sostenerlo todo: el trabajo, la casa, las responsabilidades de todos los días.
Ir y venir de neonatología, adaptarte a horarios, a indicaciones médicas, a un entorno que no elegiste, que muchas veces se vuelve un nuevo hogar, donde pasás horas, días, incluso comiendo y durmiendo en el hospital.
Todo convive al mismo tiempo, y sostener esa doble realidad la vida cotidiana y la preocupación constante por tu bebé puede volverse profundamente agotador. No tenés que atravesar esto sola, ni tenés por qué poder con todo. Incluso en medio de tanta exigencia, es posible y necesario apoyarte en una red de contención.
El papá, si está presente, puede ser un sostén importante para compartir decisiones, miedos y momentos difíciles.
La familia, las amistades o quienes puedan estar cerca, pueden convertirse en esa tribu que acompaña, que escucha, que abraza, que alivia con su presencia.
Pedir ayuda y permitirte recibirla no te hace débil, te hace humana.
El acompañamiento profesional ocupa un lugar fundamental en este proceso, brindando un espacio para elaborar lo que estás viviendo, poner en palabras lo que duele y encontrar recursos para atravesarlo.
Y aunque muchas veces no se nombre, la paternidad también transita este camino, con sus propias emociones, con sus formas de vivenciarlo y de atravesar esta dolorosa experiencia.
En medio de todo esto, el autocuidado se vuelve esencial en este camino. Permitirte, en la medida de lo posible, descansar, alimentarte, tomar un poco de aire, darte un momento para estar a solas: no implica que tu bebé deje de ser tu prioridad, sino que también es necesario
y fundamental, como mamá y papá, cuidarte para poder cuidar a tu bebé.
Además, hay otras herramientas que pueden ayudarte a atravesar los momentos más intensos:
•La respiración consciente, volver a tu cuerpo, hacer una pausa aunque sea breve, puede ayudarte a bajar la ansiedad en situaciones de mucho estrés o cuando tenés que tomar decisiones.
•La escritura o el registro de lo que vas viviendo, poner en palabras lo que sentís, puede ayudarte a ordenar lo que pasa por dentro.
•El contacto con otras familias, poder hablar con quienes están atravesando situaciones similares, puede aliviar y hacerte sentir menos sola o solo en lo que estás viviendo.
•El diálogo en la pareja, poder hablar, compartir lo que cada uno siente y necesita, es una herramienta clave para sostenerse mutuamente.
Este camino no es el que imaginaste, pero no estás sola ni solo en él. En este momento tan difícil que estás atravesando, también aparecen pequeñas luces: en una mirada, en un avance, en el sostén que surge cuando lo permitís. No se trata de hacerlo perfecto, sino de atravesarlo día a día.
No siempre el comienzo es el esperado, pero eso no define toda la historia. En medio de la incertidumbre también se van fortaleciendo los vínculos, aparecen nuevas formas de amor y una fuerza que muchas veces no sabías que tenías.
Con cariño.
María Noel Giolo
Lic en Obstetricia