Cuando pensamos en el dolor del parto, casi siempre aparece la misma imagen: una mujer gritando, el cuerpo en tensión, el tiempo que parece no pasar. Esa imagen viene de las películas, de los relatos que se transmiten de generación en generación, de una cultura que aprendió a hablar del dolor de las contracciones como algo que hay que soportar o eliminar.
Pero hay otra forma de mirarlo, y hoy vamos a comenzar a explorarla.
El dolor en el parto no es una señal de que hay que arreglar algo o de que estamos en peligro. En realidad, es la señal de que el cuerpo está haciendo algo extraordinario y, a la vez, natural, abrirse para dar lugar a la vida. Y si vamos a lo menos poético, dilatar el cuello del útero para que pase tu bebé.
De todas maneras, la percepción de este dolor no tiene que ver solo con lo físico. Se construye en base a múltiples aspectos donde lo emocional, lo mental y el ambiente influyen directamente. Eso significa que la vivencia es única: está atravesada por tu historia, tu contexto, lo que creés y, también, por quién está a tu lado.
Una de las cosas de las que menos se habla es que el trabajo de parto no es un dolor continuo. Las contracciones llegan, alcanzan su pico y se van. Entre una y otra hay un alivio real, el cuerpo descansa. Ese intervalo es fundamental, y es importante aprender a habitarlo con la respiración y el movimiento, preparándote para la siguiente ola.
Por otro lado, es necesario hablar del miedo. Cuando hay miedo, el cuerpo libera adrenalina y los músculos se tensan. Esa tensión, inevitablemente, genera más dolor. ¿Pero por qué tenemos miedo? A veces es porque no le damos espacio a lo que sentimos o porque escuchamos voces ajenas antes que la nuestra. También porque vamos a atravesar algo desconocido y aparece como un mecanismo de defensa. Personalmente me gusta verlo como una señal de que estás conectada con el proceso.
En este sentido, la preparación para el nacimiento importa, y mucho. Pero no para eliminar el dolor o el miedo, sino para transformar la relación que tenés con ellos. La información, el conocimiento de tu cuerpo y de las medidas de alivio, junto con el acompañamiento emocional, contribuyen profundamente a tu bienestar y a la forma en que transitás esa intensidad.
Dicho todo esto, te regalo una nueva imagen: imaginate transitando tu trabajo de parto acompañada, con los ojos cerrados, concentrada en el proceso. Respirás profundamente, te movés como te guía el cuerpo. El tiempo pasa, pero sabés que es parte. Entre cada contracción descansás, recuperando la fuerza para la siguiente.
Tal vez leés esto y pensás que es más fácil decirlo que vivirlo. Pero dejame decirte algo: si empezás a hablar de tus miedos, si te preparás y si quien te acompaña construye las mismas herramientas que vos, poco a poco vas a poder mirar a ese dolor desde un lugar de mayor confianza y calma, y acercarte a esta imagen tan potente que empezamos a crear hoy.
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Soy Marha Scanu, especialista en acompañamiento prenatal y perinatal, y te ofrezco un espacio de escucha, información y sostén para que puedas transitar tu embarazo, parto y puerperio con mayor seguridad, claridad y confianza.
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